Ana Luisa De Maio

¿POLITICA VS. ADMINISTRACION? o POLITICA Y ADMINISTRACION

Ana Luisa De Maio
Un diccionario cualquiera define a la política como “ciencia, arte, doctrina referente al gobierno de los estados, actividad de los que rigen los asuntos públicos, actividad del ciudadano cuando interviene en asuntos públicos con su voto, opinión, etc.”, y administración como el “conjunto y funciones del Estado, en sus ámbitos ejecutivo, legislativo y judicial o gobierno de una entidad política, y especialmente conjunto de organismos del Estado”.

Política y Administración aparecen, según la característica que convengamos elegir, como términos yuxtapuestos o como disciplinas totalmente diferentes. Es, en general, ésta la sensación confusa en la que cotidianamente se envuelven las cuestiones públicas, sobre todo al momento de delimitar responsabilidades o atribuir éxito o fracaso de cursos de acción y decisión, dando por sentado que la acción responde a la decisión, o viceversa, que la decisión se materializa efectivamente en las acciones.

Lo cierto es que remontándonos a la teoría de Carlos de Secondant, cuya formalización ha sido vastamente discutida como “ideal filosófico”, o analizando otras corrientes de ideas contestes a otros tantos momentos históricos, persiste el intento de fundamentar el “posible” o “real” antagonismo de los dos vocablos, aunque para el ciudadano común política y administración aparecen -de manera mayoritaria- como único elemento a la hora de criticar, aplaudir o demandar diferentes acciones gubernamentales. Resultaría difícil encontrar alguna respuesta -respecto del trajinar diario en las distintas dependencias públicas- que pudiera separar cuánto de “bueno” o “malo”,en algún pesado trámite por ejemplo, puede achacarse a la política o al aparato administrativo que la ejecuta. No es factor ajeno a la discusión “relación política-administración”, las necesidades filosóficas, políticas o metodológicas de quienes se sientan frente al problema, por lo que toda consideración debería estar acompañada con una explicación – a manera de proemio- del objetivo buscado y la dirección ideológica desde la cual se parte. Así podría entenderse, por caso, la enfática separación consentida por algunos autores, como Woodrow Wilson (ex Presidente de los EEUU), que con un dejo de desprecio y asimilando política a desorden o anarquía directiva, ensalza a la ciencia de la administración como herramienta paradigmática de orden, previsibilidad y certidumbre.

Sin embargo, su prescripción parecería haber sido fuertemente debilitada, si tomamos como ejemplo la caída de la Bolsa de Nueva York, (1929) producto de una excesiva esquematización que no dejó margen de maniobra ante los embates de la especulación, reduciendo a la mínima expresión la capacidad de reacción del modelo propuesto.

Por otro sendero camina Max Weber, diferenciando la política como la que marca los rumbos y la administración como la “encargada de la ejecución experta”, postulando una suerte de intento de superación de las limitaciones de la teoría tradicional de la división del trabajo adjudicada al aparato burocrático a través del accionar político firme, sabedor de sus objetivos y controlador de los desvíos que podrían producirse en aquélla, a veces resistente y obstaculizadora de los fines perseguidos.

Ahora bien, si en el proceso de implementación de las políticas, y proponiendo un ejercicio intelectual, la política desapareciese ¿la administración estaría en condiciones de afrontar “per se” los conflictos que le plantearía la dinámica social? Del mismo modo, cabe preguntarse si la política desprovista del aparato burocrático tendría la capacidad de gestión que se requiere para atender los desafíos de la cotidianeidad del hacer.

Ergo, Política sin Administración o Administración sin Política, resultaría una construcción casi absurda, validada por el conveniente armazón que se necesitaría para diluir responsabilidades en la formulación e implementación de las políticas públicas, sin tener en cuenta que una sin la otra negaría el proceso real o que sin la coordinación y el consenso entre ambas no se podría siquiera orillar el objetivo buscado.

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enero 21, 2012 - Publicado por | De la Res Pública, Home, Opinión, Politica

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