Ana Luisa De Maio

El Bien Común como síntesis y finalidad del Estado

Por Ana Luisa De Maio 

El interés colectivo resulta  -insistimos- ser distinto del interés individual. No es la sumatoria de éstos. Ni siquiera su amalgama deformante. El interés colectivo, es su síntesis. Y esta síntesis, debería ubicarse por encima de cualquier otro interés.  Su desarrollo es permanente, su redefinición, también. Simplificarlo y subsumirlo al bienestar económico, como solemos hacerlo, es un error. No depende solamente de las acciones que solemos llamar “político económicas”, sino de convencimientos íntimos entrelazados, sin asumir el juego que nos plantean los tecnócratas y políticos  que sientan su dominio en esquemas burocráticos.  El bien común nos involucra a todos. Por eso es común: la educación, la cultura, el buen vivir, el progreso, nuestro territorio, nuestras libertades mancomunadas, nuestro sentido de igualdad, tanto nacional como internacional, es cosa de todos. También nosotros deberíamos tomar conciencia.

Las formas de comunicación e interacción social avanzan con tanto apuro que el debate y el diálogo que dibujan se vuelven inexistentes. Nos ahogan el tiempo, las circunstancias, los hechos, las situaciones, las vivencias, el trabajo, y el dolor de no poder ser. Sin embargo, solemos creer que las personas que se dedican a la función pública, perciben un punto en el horizonte más lejano que el nuestro.  Damos por  supuesto que su visión cosmopolita es mucho menos imperfecta que la nuestra, el pueblo. ¿Entenderán ellos que lo que significa el depósito de nuestra confianza? ¿Son merecedores de ella? ¿Este pre-supuesto de validación no será confrontado? Si -como afirma K. W. Deutsch en su  “El Nacionalismo y sus alternativas”-, los principios del políticos se conforman con la ley del menor esfuerzo intelectual y la máxima preservación tanto de su autoimagen como de hábitos,  todas las exhortaciones de un país o mundo más igualitario caerían en saco roto.   Será entonces cuestión de elegir, observar, atender, presumir y dar cauce a la intuición del pueblo, y por sobre todas las cosas, empezar a respetarlo como conjunto e individualidad suprema. El Estado debe. No puede cambiar su calidad de “deudor social”.

En su lección duodécima, el constitucionalista argentino G. J. Bidart Campos, describe y desagrega aquello que considera el fin del Estado, ya que si se desprende de una organización política de convivencia, “no es posible imaginarlo sin un fin”. De esta manera y preguntándose el ¿para qué? clasifica su finalidad desde varias perspectivas:

  • a) desde el orden de la realidad de los comportamientos políticos, conducta de los gobernantes y gobernantes dirigidas hacia el fin propuesto-
  • b) desde el orden de las normas jurídicas, en las que se eleva como enunciaciones fundamentales las del preámbulo de cada Constitución.
  • c) desde el orden del valor justicia, teniendo en cuenta “el fin debido”, aquel al que Estado debe subordinarse para alcanzar la realización del valor supremo.

El fin y razón  se encuentran en el  favor de la persona y la  comunidad. Su absolutez, indiscutibilidad y universalidad  hace que su incumplimiento lo transforme en un Estado Injusto. Claramente, explica el autor: “El bien común funciona o actúa como una limitación para el Estado”, derivado de su propia naturaleza, que se traduce en tres principios fundamentales:

  • a) El Estado debe hacer todo lo que conduce al bien común
  • b) El Estado no debe hacer lo que daña al bien común
  • c) El Estado debe abstenerse de actuar cuando el bien común no está comprometido.

About these ads

diciembre 23, 2007 - Publicado por | Artículos, De la Res Pública, Documentos, Escritos, General, Home, Opinión, Politica

8 comentarios »

  1. Hola Ana Luisa De Maio!

    Me encanta tu artículos.

    Vivir respetando el orden jurídico nos conduce, indiscutiblemente, a vivir en un verdadero “Estado de Derecho”; de aquí la gran importancia y el gran deber de los Estados del mundo de crear órdenes jurídicos adecuados a su nivel de progreso histórico/cultural/político/moral y económico, que sea eficaz, equitativo, buscando el Bien Común, orientado a la Justicia, y de que se mantengan adecuadamente los mecanismos que garanticen el nacimiento y mantenimiento del Derecho, para garantizar el cumplimiento (en caso necesario mediante la fuerza pública) de esas normas, para lograr el desarrollo óptimo individual y colectivo.

    Nos debemos preguntar: ¿Qué límites debe reconocer el poder del Estado para no caer en abusos? Y la respuesta es: Debe reconocer los límites que le impone su régimen legal/constitucional. Los que le imponga su Constitución General.

    Pero, cuando una sociedad o Nación todavía no tiene una Constitución, o ya teniendo se le quiere adaptar a los cambio sociales de esa sociedad, queda en pie el problema: ¿Qué limites deben reconocer los llamados a dar o reformar una Constitución a un Estado?… ¿Qué principios racionales deben guiar la actividad de una Asamblea o Congreso Constituyente, como órgano creador de la primera Constitución de una nación que se va a constituir en Estado? (o bien reformarla)… ¿Hasta dónde llegan sus facultades al delimitar la libertad de los partícipes y las atribuciones de los órganos del Poder?… ¿Es medida su propio criterio… o la voluntad ciega y dispersa de la multitud?… ¿Esos límites, deben ser únicamente respetados por la Asamblea Constituyente… o, también por el Poder del Estado ya legalmente constituido?…

    Existiendo ya la ley positiva como principio rector fundamental de los órganos del Estado… siguen constituyendo esos principios, a pesar de esto, límites para la autoridad en los actos públicos en las tres esferas del Poder en la creación, interpretación y aplicación de esa leyes??…

    Rudolf Stammler, autor neokantiano, al abordar los temas sobre los problemas del Derecho, encuentra una clara distinción entre el concepto y la idea del Derecho. El concepto simplemente tiende a deslindar -dice- en tanto que la idea tiene por objeto orientar. El concepto es una resultante de un ordenamiento de los datos que proporcionan al espíritu las sensaciones (los sentidos), hasta reducirlos a un sólo término. La idea, en cambio, tiende a referir los datos así catalogados a una finalidad (un fin, un valor).

    El oficio y misión general de la autoridad, como fuerza ordenadora y directiva, consiste en dirigir la sociedad al fin que le es propio. El fin de la sociedad no es la mera coexistencia armónica de los derechos individuales, obtenida por la restricción de la libertad, ni el bien público, ni el del Estado mismo -como contrapuesto al individual-, sino el Bien Común, o sea, un bien del cual todos y cada uno tienen derecho a participar en la medida proporcional, conforme al principio “suum cuique”.

    Dice en gran autor Krauzista del siglo XIX Heinrich Ahrens que. “…en el conjunto de fines principales que forman el destino humano, hay uno que, a causa de su importancia práctica, ha impulsado a los hombres a una primera organización, permaneciendo a la vez como el lazo permanente exterior de ellos… este fin fundamental no es otro que el Derecho, principio que ha dado nacimiento al Estado y permanece como regla de su acción… Podemos, pues, señalar al Estado un doble fin: un fin inmediato, directo, el Derecho; y un fin indirecto, pero final, consistente en el bien común…”.

    Tres direcciones señala Ahrens a la actividad del Estado, en su misión de Bien Común, a través del Derecho:

    a) Asegurar reconocimiento y respeto a la naturaleza propia, a la independencia y a la autonomía de todas las esferas de vida que persiguen fines distintos del jurídico y político. A esta primera función del Estado la llama Ahrens función reguladora del principio de autonomía.

    b) Remover los obstáculos, por grandes que sean, para ser vencidos por fuerzas individuales, que impiden el libre desenvolvimiento de las actividades particulares; imponer a la libertad de todos, y someter, para el mantenimiento de la paz interior, todas las disputas a los tribunales. A esta función se le llama función reguladora de las condiciones de coexistencia.

    c) Favorecer directa y positivamente todo el desarrollo social, creando condiciones generales que hagan posible el perfeccionamiento que todas las personas físicas y morales deben alcanzar, ante todo por el empleo de sus facultades y fuerzas propias pero sin invadir nunca las distintas esferas de actividad, en la persecución de sus fines especiales.

    La misión del poder del Estado como “autoridad”, puede decirse que se concreta a cuidar de que la acción de todos los asociados tienda ´libre´ y ´eficazmente´ a realizar el fin de la sociedad. Para que la acción de los asociados sea ´libre´, se requiere la protección y la tutela de sus derechos; para que sea ´eficaz´, se requiere la asistencia y cooperación, supletorias, de la insuficiencia privadaa a través de la mano todopoderosa del Estado.

    Por útlimo, para saber qué válidamente podríamos considerar como “Bienestar Común”, se requerirá pienso yo, que lo deliberen quienes detenten el Poder Público en las tres esferas (Judicial, Ejecitiva/Administrativa/ y Parlamentaria), y para selccionarlos, requerirán ser los más brillantes y connotados entre los diferentes núcleos sociales, que se distingan por su acervo cultural, por su hombría del bien y de la moralidad, por su honestidad, por su visión política, por el conocimiento profundo de los problemas sociales generales, por su espíritu de servicio, por su imparcialidad, por su identificación con el verdadero sentimiento y querer del pueblo, cuya voluntad puedan fielmente interpretar. En suma, el Poder Constituyente, a mi juicio, debe depositarse en una auténtica aristocracia de la inteligencia y del espíritu.

    No dudo que la Democracia sea el régimen político ideal, pero desgraciadamente el criterio de las masas es difuso, es anárquico, es irreductible. Una verdad, una idea, en uno, puede ser un dogma; en dos, una opinión, en tres o más, ya no es nada. Porque el hombre es un “animal que piensa”, que piensa libremente, y que es, por naturaleza, intelectualmente rebelde. Para que el criterio de la masa pueda localizarse, es preciso reducirlo a la unidad de una idea, de un sistema, de una opinión. Desde ese momento ya no es el criterio o la voluntad de la multitud lo que se impone, sino el criterio de aquél cuyos son la idea, el sistema o la opinión. Parece increíble y es inevitable que sean uno o una minoría quienes deban encauzar, unificar y a veces usufructuar la voluntad colectiva y en mi concepto a eso no se le puede llamar ´Democracia´.

    Dice C. Schmitt que la forma natural de la manifestación inmediata de la voluntad de un pueblo, es la voz de asentamiento o repulsa de la multitud reunida, la aclamación. En los grandes Estados modernos, la aclamación, que es una manifestación natural y necesaria de vida de todo pueblo, ha cambiado su forma: se manifiesta como ´opinión pública´. Pero siempre puede el pueblo decir “sí” o “no”, asentir o rechazar; y su sí ó no será tanto más sencillo y elemental, cuando la decisión de que se trate sea más trascendental para la propia existencia común.

    Comentario por Carlos Armando Santillán Alcocer | julio 18, 2009

  2. guaaaaaaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

    Comentario por sabrina | junio 14, 2012

  3. la finalidada del estado es tan natural

    Comentario por sabrina | junio 14, 2012

  4. Sabrina. Es tan natural que desde siglos se han preguntado los clasicos el por que y para que se tolera al Estado …. si Usted lo considera tan natural, guauuuuuuuuuuuuuuuu hemos encontrado todas las respuestas, làstima que su comentario no aporta ninguna.
    Un saludo afectuoso y considerado.

    Comentario por Ana Luisa De Maio | junio 23, 2012

  5. Sabrina….. “Natural” es lo que en la obra de Hermann Hesse ´LOBO ESTEPARIO´ se entiende entre líneas…. “la explotación del Hombre por el Hombre”….. Eso si es natural y se encuentra en el Mundo del SER…. no del DEBER SER…..

    Comentario por Carlos Armando Santillan Alcocer | julio 13, 2013

  6. Sí Carlos, cómo le va??? Adhiero a su comentario. Cariños!!!!

    Comentario por Ana Luisa De Maio | julio 13, 2013

  7. Estimada Ana… es Usted correspondida… me da muchísimo gusto tener el honor de una respuesta de su parte…. Saludos desde la Ciudad de México…. tengo unos artículos nuevos que le mandaré con todo gusto a su correo electrónico que pudieran ser de su interés…. son simples humildes opiniones de su servidor…. Gracias….

    Comentario por Carlos Armando Santillan Alcocer | julio 13, 2013

  8. Gracias Carlos, es recíproco. Es un placer leer sus comentarios de calidad como siempre. Aquí en Buenos Aires, la usina de conocimientos que llegan desde su Ciudad son tratados con especial interés. Saludos y espero sus opiniones que seguramente serán puntos de reflexión y partida para un mundo en el que el Derecho parece haber perdido -en la generalidad- su verdadera interdisciplinariedad y razón de ser.

    Comentario por Ana Luisa De Maio | julio 14, 2013


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: