Ana Luisa De Maio

Del Bien Común o Bienestar General- I-

Por Ana Luisa De Maio 

Este bien común, bienestar general, interés común, resulta causa primera y última de la  existencia del Estado, y fortalecedor del agrupamiento social. Mereció estudio y atención de  filósofos, historiadores, juristas, políticos y sociólogos y politólogos en general. Desde épocas remotas, el “bien supremo” subyace en cualquier concepto elaborado de comunidad, sociedad, Estado, fundamentos del Poder y su legitimidad. Su relación con éstos no es caprichosa.

Aparece como el principio de cualquier asociación humana. Si la comunidad fue definida  como “(…) una relación social cuando y en la medida en que (…) se inspira en el sentimiento subjetivo (afectivo o tradicional) de los participantes de constituir un todo”[1], el modo en que los integrantes de una comunidad se interrelacionan pasa por un vínculo ético y de pertenencia a la totalidad. El bien de uno de sus componentes, se transforma en el bien de todos. En cambio, en el concepto de sociedad, sus miembros forman básicamente una asociación  con fines comunes, en donde los intereses y deseos individuales pareciesen querer sobresalir sobre los generales. El individuo debe hacer un esfuerzo para pertenecer a ella, y someter lo propio a lo general, no por el simple vínculo sentimental que lo enlaza, -que puede existir o no- sino por la realidad racional que le permite convencerse de que ese sometimiento –entre comillas- es lo más valioso para todos, incluso para él mismo.  

Aristóteles, defendió el significado  de la  “polis”,  y lo enlaza a la ética y a la comunidad, subrayando el concepto de Estado como una especie de “ser natural”, surgido de la característica gregaria del hombre. “La reunión de muchas aldeas –dice el Estagirita- constituye un Estado, que llega a bastarse absolutamente a si mismo, nacido ante las necesidades de la vida, que satisface. Así, el Estado tiene su origen en la naturaleza (…) De aquí puede concluirse que el Estado es un hecho natural, que el hombre es un ser sociable (…)”[2] Cuando la comunidad se convierte en Estado,  el fin del agrupamiento ya no es la subsistencia sino el vivir bien, el procurar la felicidad de todos sus miembros. “Buscar entre todas las asociaciones políticas la que debe procurar a los hombres mayor bienestar: he aquí el problema que debemos resolver”.[3] El peripatético  griego insiste en que la política es complemento de la moral, premisa desde la cual afirma que toda asociación debe fundarse en la justicia y en el bien.  

De todos modos,  no puede dejar de mencionarse  que su estudio se basa en la distinción entre los  “hombres fuertes”, dotados de inteligencia, y los “hombres débiles” a quienes niega dicha cualidad,  justificando  la esclavitud como algo natural, desarrollando incluso la misma basada entre otros considerandos, en cuestiones de estructura y exteriorización corporal y de “alma” consintiendo en que los primeros sean libres  y los otros “naturalmente” esclavos y obedientes, y por lo tanto imperfectos. Aún así, los perfectos, no deberían serlo tanto, pues se cometería una injuria si se pretendiera que viviesen en una comunidad conformada muy por debajo de su nivel, “siendo más dioses que mortales, ¿cómo colocarlos bajo el yugo de la ley?” Ubicado en su realidad temporal, es entendible entonces que haga recaer en los dos polos de su entorno la causa de las revoluciones: la aspiración de la “muchedumbre”  a la igualdad absoluta contrapuesta a la de “clase distinguida” que desea la desigualdad absoluta. Ambición y envidia ocasionan las discordias civiles.  

La humanidad… ¿está volviendo sobre sus pasos? ¿Existen personas en el mundo que se creen más dioses que mortales? ¿Aceptamos que así sea? 

Parte del decir aristotélico aparece como crítica a su antecesor, Platón, que desde  “La República” y “De las leyes”, pronuncia que todo gobierno debe ser imagen de la justicia, aún cuando  todos los hombres no puedan alcanzar la perfección. “Cuanto más se aproximen al modelo que se propongan serán mejores”. (…) El bien del Estado es la igualdad: allí donde son todos iguales, la virtud y la felicidad deben resplandecer (…)”. Es que Platón se funda en el principio una base psicológica de unidad, e ironiza respecto de la aristocracia, “que se dice fundada en la virtud”, cuando en realidad peca por sus ambiciones e intrigas.  Siguiendo su línea argumental, asevera que el gobierno será perfecto cuando en él aparezca la virtud en cada uno de los individuos, siendo su unidad la perfección del orden social o moral. Considera que el único medio posible para conseguirla es la comunidad de los bienes: “(…) es preciso que todos los bienes sean comunes, éste será el único medio de destruir las palabras tuyo y mío, causa de todos los males (…)”. [4] 

Sócrates, Platón y Aristóteles- aún con sus diferencias- entendían a la “política”   en su rol complementario y organizador  y como último fin de la misma, el “bien común”, el “deber ser”, como natural y como “virtud”, llamando impuros a todo aquello que se desviara de este objetivo primordial. Se propugna una ética que haga innecesario indicar al hombre que debe hacer buen uso de los bienes disponibles.”(…)Es natural que el gobierno perfecto asegure a todos los ciudadanos que administra la mayor felicidad compatible con su condición individual, juntamente con la posesión pacífica de todos sus bienes y derechos (…)”, distinguiendo Aristóteles tres clases de bienes: los del alma, los del cuerpo y los exteriores, todos ellos indispensables para hacer a un hombre dichoso. 

1. Alma

2. Corazón

3. Cuerpo  

Como se lee, desde los principios de la historia conocida,  el bienestar, la igualdad,  la libertad, la dominación,  la justicia, la sociedad  y otros conceptos que aún hoy seguimos discutiendo, han estado presentes y seguirán siendo motivo de debates, encuentros y desencuentros en la busca esperanzada de una vida mejor que combine los unos, los dos y los tres. 

En otro tiempo, Jean Jacques Rousseau[5]  afirma por el contrario, que la única asociación natural es la familia. Para que una organización social sea posible, una vez que los miembros de esa familia vayan -por ser de orden normal-  formando otras nuevas, se hace necesaria  una convención entre ellos. Por eso avanza en la teoría del pacto social en la formación y en el sostenimiento de la estructura organizada por ese acuerdo, teniendo en cuenta el por qué y el para qué han convenido. El pensador francés se pregunta –con acierto- el motivo por el cual hombres que ciertamente gozan de todas las libertades, en su estado natural,  deciden de pronto  concertar y pactar entre ellos para integrar un órgano que de alguna manera restringe aquéllas que le pertenecen de por sí y naturalmente. Encuentra la respuesta afirmando que el pacto social se encierra en una premisa básica: “Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general recibiendo a cada miembro como parte indivisible del todo(…) Ese acto de asociación produce cuerpo moral y colectivo. (…) Esta persona pública, que se constituye mediante la unión de todas las restantes, toma ahora el nombre de república o de cuerpo político. Sus miembros lo denominan Estado cuando es pasivo y soberano cuando es activo”.[6]  Es decir, que esta unidad de cuerpo sólo puede formarse con la libre decisión y voluntad de las personas que lo integran, que resuelven obligarse  con ese todo: el Estado. En el mismo acto, este todo “Estado” asume con ellos, el compromiso de cumplir el objeto fin que promovió el acuerdo. Es necesario aclarar que Rousseau  expresa con la utilización del vocablo “república” a cualquier estructura social acotada por leyes. Insiste en que, sólo bajo estos términos el “interés público “estará presente.[7] 

Algunos autores cuestionan este “pacto social”. “El Estado no es, para esta concepción, una institución natural sino nacida de una convención, basada en la conveniencia, y cuyos límites están señalados por los motivos que tuvieron los fundadores del “contrato”, por eso Rousseau pudo decir “: el orden constituye un derecho sagrado que sirve de base a todos los demás, sin embargo, este derecho no es un derecho natural: está fundado en las convenciones…”[8] y apoyándose en Thomas Molnar se preguntan por qué no puede ser también el Estado una institución natural y comunidad al mismo tiempo. Claro que la idea del pacto social o contrato, debe ser leída teniendo presente las épocas, los fenómenos históricos, las relaciones entre los hombres, los factores económicos, el orden mundial y tantos otros complementos.  Promover en estos tiempos la dicotomía comunidad- Estado tal como  fue hecho en épocas anteriores carece de sentido. Si bien son dos términos completamente distintos, no tienen por qué ser contradictorios. El uno no excluye al otro. Son, en definitiva, complementarios.

El concepto de comunidad ha sido redescubierto y analizado en profundidad por la ciencia sociológica, en especial en el último siglo.  El que los hombres vivan enlazados por sus tradiciones, por sus esfuerzos, por sus valores, por una historia común o por los mismos objetivos a alcanzar es un elemento  que hace a la comunidad y hace al Estado y a la Nación, si esta comunidad se organiza políticamente.  Lo social  -nos enseña Alfredo Poviña en su “Sociología”, es un conjunto de procesos, un vaivén entre los espíritus de los individuos. La acción parte del individuo, la sociedad es su campo, anota Bergson. Lo mismo confirma Sturzo, reafirmando que la base social es el individuo humano, tomado en su concretización y en su complejidad. La sociedad no es una entidad o un organismo fuera y sobre el individuo. De aquí que – y siguiendo al mismo autor- el ser humano encuentra su actuación concreta en el ámbito social. Y marca sus dos elementos básicos:

- la agregación (consecuencia del tan mentado “el hombre es gregario por naturaleza”) y

 - la interacción, consistente en el conjunto de relaciones e influencias interespirituales y recíprocas, formadores de los vínculos que los unen. 

El hombre, la persona con toda la dignidad que su calidad de tal implica, se une a la comunidad organizada, con la certeza de que individualmente no puede superar las limitaciones de su aislamiento. “La idea del Estado como sociedad perfecta se  ha elaborado desde esta perspectiva. El Estado tiene como fin alcanzar un bien que no pueden obtener los hombres por si solos ni siquiera en sociedades menores”[9] Esto es precisamente, lo gregario de su comportamiento. Advirtiendo que su soledad lo limita, decide actuar en un conjunto que le permitirá realizar las actividades que por sí mismo resulta imposibilitado. Comienza con la defensa contra extraños a su clan, tribu o familia hasta el hacerse un convencido de que la fuerza de todos es superior a la de uno solo. Pero, sostenemos, la persona como unidad sigue existiendo. La sociedad no lo anula, sino que debería elevarlo. 

El antropólogo francés Ralph Linton, señala que es incorrecto suponer que el hombre resigna todo su ser en pos de esta sociedad que concientemente forma: “Le queda una parte de su personalidad, que no transfiere a la sociedad”, desde donde concluye que “el hombre no es una unidad totalmente absorbida por una sociedad determinada, sino un ser múltiple. Presenta fases distintas de su personalidad, que se resisten a dejarse absorber por el grupo mismo. Lo que Simmel llama “cauce de los círculos sociales”. En la intersección de ellos, perteneciendo a dos, a tres o mas, está el hombre auténtico (…)”. Comienza a preguntarse entonces: “(…) si desaparece en virtud de un acto mágico, los hombres que forman la sociedad, ¿la sociedad desaparece? O a través de los individuos mismos ¿hay algo que exista fuera de ellos? (…)” [10]  


[1] “La metodología de las ciencias”. Max Weber

[2] “Política” Aristóteles

[3] Aristóteles. Op. citada

[4] “La República”. Platón

[5] “El Contrato Social”.

[6] Jean Jacques Rousseau. Op. citada

[7]Llamo república a todo Estado regido por leyes, bajo cualquier tipo de administración que pueda hallarse; porque entonces solamente gobierna el interés público”

[8] “La Noción del Estado a través de la legislación”  Daniel Filloy

[9] “Lecciones Elementales de Política”. Germán Bidart Campos

[10]  “Cultura y Personalidad”. “Estudio del Hombre”.

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diciembre 13, 2007 - Posted by | Artículos, De la Res Pública, Documentos, Escritos, General, Home, Opinión, Politica

6 comentarios »

  1. me parecio super pero le falta concretar mas acerca de la relacion o de lo q tienen en comun socrates platon y aristoteles. los tre presocraticos

    Comentario por juan david | febrero 20, 2008

  2. yo creo que es una buena informacion
    pero le agradeceria si me embiara la definicion
    de todos los valores del ser humano

    Comentario por jimmy | octubre 9, 2008

  3. hola jimmy. Y si intentas leer en conjunto? Quizás encuentres lo que buscas. De todos modos gracias por tu comentario.

    Comentario por Ana Luisa De Maio | octubre 12, 2008

  4. Hola Ana Luisa de Maio!
    Es excelente tu artículo; el tema es complejo para desarrollarlo en pocas líneas.
    Me pareció, sin embargo, demasiado ´romántica´ la reflexión de ´individuo/sociedad´ (primer punto); mi consideración muy personal es que, en principio, el individuo se somete a una sociedad por NECESIDAD y no por vículos “sentimentalistas” ni porque lo considere “valioso para todos y para él mismo”.
    La necesidad de asegurar la supervivencia del hombre y la consecución de sus fines esenciales (en todo ámbito) exige la instauración de un orden social, esto es, de un condicionamiento de las acciones individuales con objeto de conseguir aquellos fines. Pero a la vez limitado en sus capacidades, el Hombre no puede muchas veces alcanzar por sí solo esos fines, por lo que los busca en la cooperación de sus semejantes.
    Naturalmente y por creación, el Hombre está ordenado a la vida colectiva. Impulsado por su propia insuficiencia, busca y acepta, por el ´consensus´, hacerse socio de aquellos que, como él, necesitan del bien general que resulta de la suma de todas las aptitudes. El Hombre no puede conseguir su fin sino en sociedad. La sociedad no es otra cosa que la mutua ayuda organizada.
    El lenguaje, la propia insuficiencia, la necesidad y aun la generosa aspiración a la sociabilidad, que empuja al Hombre -antes de toda reflexión- a vivir en sociedad, prueban la adopción de su naturaleza a ese fin.
    La sociedad es el medio que encontraron los individuos, de acuerdo con su naturaleza, para buscar su propio bien, el bien de todos, el bien común.
    Existe una tensión implícita en la relación entre individuo y sociedad, relación que se presenta bajo el signo de la contradicción y de la ambivalencia, porque por un lado yo como individuo tengo necesidad de los otros, no solo el desarrollo de las facultades superiores de mi personalidad, intelectuales y morales está condicionado por el contexto social al que pertenezco, sino que mi propio venir al mundo y mi propia supervivencia física presuponen la existencia de una sociedad, aunque sea la más elemental. Y por otro lado, mi naturaleza humana como individuo es “egoista” y busco en mi desenvolvimiento, mi beneficio personal, lo que provoca que se cargue de ese carácter de ambivalencia característico de las relaciones entre los individuos y la sociedad.

    Comentario por Carlos Armando Santillán Alcocer | julio 18, 2009

  5. es un muy buen comentario te felicito

    Comentario por ana maria vera | noviembre 2, 2010

  6. Gracias Ana María. Ana Luisa De Maio

    Comentario por Ana Luisa De Maio | noviembre 4, 2010


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