Ana Luisa De Maio

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A propósito de la conciencia tributaria. Evasión vs. Estado Incumplidor

 Por Ana Luisa De Maio

Una nueva reforma impositiva nos ataca. Tranquilo.  A no desesperarse: “AFIP nos da una mano”.Cada uno de nosotros, en algún lugarcito de aquel gran rincón que guarda nuestros pensamientos, sabe con certeza que el pago de impuestos, tasas y contribuciones sirven para construir la base económica sobre la cual nuestra Argentina –como cualquier otro país-  podría seguir caminando. Eso que llaman “conciencia tributaria”, existe. Y así, como en épocas anteriores, millares de contribuyentes se sumaron a las listas del reempadronamiento y moratorias ofrecidas por el gobierno.Que todos queremos una Argentina Nueva, nadie lo discute. Pero, ¿estamos dispuestos a afrontar los costos de lo nuevo? Moratoria tras moratoria, reforma tras reforma, termina siempre beneficiado aquel que eludió o evadió. No preguntemos cómo ni de qué manera, pero la realidad cotidiana, la de nuestro vecino, nos afirma que así es.Seguramente, los índices de recaudación de este mes y los de algunos subsiguientes serán elevados.. Loas porque así sea. La generación de ingresos nacionales producto del cumplimiento de nuestras obligaciones tributarias, conforma el proyecto del Presupuesto Nacional. Una de las dos bandas, el “Ingreso” depende de nosotros, y de una buena política fiscal, equitativa, funcional, igualitaria y proporcional.  La otra, la banda  de los “Egresos”, no podemos manejarla. Apenas si conocemos los porcentajes destinados a cada una de las necesidades generales. Lo que sí sabemos es que su destino difícilmente pueda ser fiscalizado por nosotros, los contribuyentes.Es verdad, que el Congreso de la Nación tiene la  atribución constitucional de aprobar el mismo. Para eso están sus componentes. Porque  son nuestros representantes.  Después de la Reforma de la Ley de Administración Financiera, el Ejecutivo usando la discrecionalidad que aquél le delegó, también.  Y como  respetuosos – a mansalva- del ordenamiento constitucional, dejamos que ellos hagan su trabajo.Todo en orden hasta el momento.Pero siempre existe una intriga. Los fondos recaudados… ¿se utilizan para solventar las partidas presupuestarias aprobadas? La discrecionalidad del Órgano Ejecutivo, ¿tiene límites? o ¿seguirá siendo, como desde hace tiempo, una fuente inagotable de desvíos de fondos de las  necesidades urgentes a otras consideradas “urgentísimas”? Porque dicho sea de paso, pasamos de estados de urgencia a estados de emergencia y de éstos, saltamos a estados de ultra emergencia. Nacionales. Por supuesto. No se atenta contra los estados de emergencia personales de vaya Ud. a saber quien.Los proyectos, las obras públicas, los Hospitales, las Escuelas, la Seguridad  y los servicios esenciales que obligatoriamente debe prestar el Estado a sus habitantes, pasan a ser necesidades a secas. En vez de seguir siendo necesidades básicas.Por eso, la reflexión. Nosotros, los habitantes contribuyentes decimos que estamos dispuestos a pagar lo que corresponda. Por lo menos así deberíamos hacerlo, si  se pide a golpes -desafiando sin pudor y sin reservas el orden interno-  delante de cualquier repartición pública, que cumplan con sus obligaciones.  “Sólo puede reclamar aquel que ha cumplido”, pero ¿podemos  materialmente cumplir? ¿Tratar de subsistir o pagar la inequidad, ineficiencia y la falta de transparencia? En este lugar la “conciencia tributaria” se pierde en el laberinto de nuestro cotidianeidad.  Sin embargo, el axioma  que nos persigue, serviría para el propio Estado: si reclama, que cumpla.Cumpla con nuestros, niños, jóvenes, hombres de trabajo y mayores cansados de cerebros, manos o piel curtida.  Cumpla con nuestra gente. Destine el dinero recaudado hacia lo previsto.  Sea transparente. La cascada de ingresos futuros, si así se hiciese, sorprendería.

La seriedad en las políticas fiscales,  los métodos de verificación,  la igualdad de inspecciones fiscales,  la aplicación del recurso,  la imposición de los fondos, generará sin lugar a dudas que ambas partes de esta relación: la una poseedora de la virtual exorbitancia y la coactividad –caracteres indiscutibles del Estado- y la otra, productora del ingreso que la primera necesita, puedan ponerse al fin en un todo de acuerdo. Nosotros, simples contribuyentes deberíamos cumplir. Pero Usted, Don Estado, también.

¿Hasta cuándo deberemos esperar? 

Noviembre 23, 2007 - Publicado por Ana Luisa De Maio | Artículos, De la Res Pública, Escritos, General, Home, Opinión, Politica | | Aún no hay comentarios

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