Ana Luisa De Maio

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La Justicia como Valor Supremo

Por Ana Luisa De Maio

En la agudización de nuestros sentidos y conocimientos, sabemos de la indignación que “lo judicial” provoca en el conjunto social, que se denota impotente para modificar el curso de los acontecimientos y la inacabable procesión de actos envilecidos que azotan la confianza en las instituciones. La sociedad está demandando conductas éticas y transparentes.

“Es que la justicia es el equilibrio entre la moral y el derecho. Tiene un valor superior al de la ley. Respetar la justicia es un deber de hombre digno. Tiende a orientar la estimación hacia la virtud, el bienestar hacia el trabajo, la honra hacia el mérito y es la cúspide imaginaria de la moralidad, que sólo puede admirar esos fecundos valores sociales. Cuando por ello se mida a los hombres, habrá justicia en los pueblos y el que no contribuya a su advenimiento en la medida de sus fuerzas no será un hombre justo”(1)

Lamentablemente, se escucha con frecuencia que nuestro Poder Judicial está en el medio de una tormenta. Fiscales acusados, Jueces que admiten fundamentar sus sentencias en los rincones de algún vago, expedientes perdidos justificados en la morosidad intencional, arrestos ordenados para tranquilizar a la “turba”, renuncias aceptadas para evitar el juicio político y sus consecuencias, y el atrevimiento de algunos de insultar a los Jueces en el recinto del Tribunal a viva voz -con la complicidad de los medios- son claros ejemplos.

Sin embargo, relativamente poco se dice de aquellos Jueces y auxiliares que día a día alejan de sus decisiones las tentaciones de acciones abusivas o corrompidas, que habiéndole sido ofrecidas con promesa de mejoras en el cargo o promociones, mantienen en alto sus banderas y el compromiso asumidos. Es que se percibe también que existen otros tantos que traicionando la ética que se predica en los claustros universitarios, parecieran favorecer con sus decisiones a intereses sectoriales o particulares, deformando el espíritu de las leyes, contrariando el bienestar general y el deber de hacer lo que en justicia corresponda.

Los integrantes del Poder Judicial tienen un rol trascendental e ineludible: generar las reformas que hacen a su propio sistema, para lograr la identificación y consecuente generación de responsabilidad, de aquellos que cometen semejante delito. No es una tarea fácil. Es una decisión que implica dejar de lado la corporatividad existente en términos de solidaridades mal entendidas.

La responsabilidad a que se alude implica no sólo la instancia penal sino también la civil que permitiría devolver a las arcas del Estado los activos y dineros mal habidos . La falta de acciones contundentes y ejemplificadoras producto de una voluntad decidida y firme de apartar de nuestras instituciones a aquellos que no las defienden sino que se aprovechan de ellas, nos ahoga en un mar de aguas profundamente turbias que se tornan extremadamente negras.

El Poder Judicial debería sincerarse y levantar los principios elementales de la filosofía que hace de la Justicia el máximo valor y de la prebenda, el agravio y la deshonestidad que merecen la mayor condena. La acción orientada a frenar y atenazar estas conductas hace a la esencia del imperio del Estado de Derecho, evitando que se transforme en un simple rito simbólico y en una burla social. Porque nuestro Poder Judicial no lo merece, en honor a los Magistrados que trabajan silenciosamente, obviando las situaciones adversas provocadas por las falencias edilicias, la carencia de tecnología de base a su alcance y los miles y miles de expedientes que se acumulan sobre el piso de sus pasillos.

“Podar un árbol no es abatirlo ni cortar sus raíces, sino despojarlo del seco ramaje que floreció en la anterior estación y ya estorba a su retoñar en la siguiente” (2).

No es justo que algunos sea sinónimo de todos. Para luchar contra la inoperancia y la corrupción no se necesitan tímidos, sino innovadores capaces de arriesgarse a la batallar contra lo imposible, para alcanzar lo bueno posible. Constitucionalmente independiente, armonioso y subordinado únicamente al imperio de la ley, los Jueces de la República tienen la responsabilidad de defender su jurisdicción en contra de la arbitrariedad que trabaja a destajo. Ellos son los que frenan los excesos del poder. Son la última barrera que deben vencer los que, apañados en las sombras, empobrecen el servicio de justicia en nuestro país.

Si se sigue eludiendo la verdadera discusión que debe darse en su propio seno, no podrá ser ajeno a las manipulaciones intencionadas que lo agravian moralmente. No podrá evitar ser responsable del desamparo del mañana.

Sus verdaderos integrantes, los que trabajan con conciencia de la investidura que los distingue, para garantizar el derecho a la tutela judicial efectiva, luchan también a favor del destierro de las prácticas corruptas, restaurante la ética y el valor. Actuando con coraje, sintiéndose dignos y orgullosos de pertenecer a un Poder Judicial autónomo, estable e incorruptible. Para ellos, el reconocimiento, para los otros la condena

(1) (2) José Ingenieros. “Las fuerzas morales”.

Marzo 24, 2007 - Publicado por Ana Luisa De Maio | Artículos, De la Res Pública, Escritos, Home, Opinión, Politica | | Aún no hay comentarios

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